Cigales

Estamos en una población cuya historia está plagada de acontecimientos y nombres destacados, no solo a nivel local, sino que por Cigales han pasado personajes importantes para la historia de los reinos a los que ha ido perteneciendo el enclave.

ORIGEN

La arqueología deja muestras de que el origen de los emplazamientos en la zona debe buscarse en los asentamientos del pueblo Vacceo, en torno a los siglos VIII al VI antes de Cristo. La situación geográfica respecto a grandes cursos fluviales y orográfica, hacían que este fuera un espacio especialmente favorable para la fundación de pequeños establecimientos humanos en esta época.

En las cercanías, en el despoblado de Villulla, han aparecido restos de época romana, quizá pertenecientes a algún recinto público, una mansio o de una explotación agropecuaria como una villa.

Sin embargo, como ocurre con prácticamente todos los pueblos de esta amplia zona de la provincia, hay que esperar hasta el momento de los últimos movimientos de la repoblación en el territorio para tener documentación escrita en la que se haga referencia a la población, más concretamente al siglo XII.

La situación fronteriza entre los reinos de León y Castilla le adjudicó un papel importante a la zona, pasando las diferentes poblaciones que jalonaban dichos límites a personajes importantes en la historia de cada momento, capaces de poder defender los derechos reales de cada monarca.

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EDAD MEDIA

En el caso de Cigales, la documentación refleja que el vallisoletano Sancho IV “El Bravo”, por motivos estratégicos, la cediera el 23 de diciembre de 1289 a Valladolid, como aldea dependiente que se incluiría en la Merindad de Campos como lugar de solariego.

Esto hizo que adquiriera una especial importancia en el complejo entramado político de la época y que las fuentes documentales de los reinados de Alfonso XI de León y los castellanos Juan II y Enrique IV la citen en diferentes acontecimientos históricos.

Varios de estos sucesos tuvieron como motivo principal los encuentros de personajes importantes que se encontraban en Valladolid para celebrar actos importantes y antes de entrar en la villa vallisoletana y para evitar ofensas o enfrentamientos, salían al encuentro de posibles enemigos hasta la aldea de Cigales para evitar males mayores.

Aquí se entrevistó, en 1318, María de Molina con el díscolo infante Don Juan, señor temporal de Cigales. Otro encuentro importante fue el que tuvo lugar en 1353 entre el rey Pedro I el Cruel, que había llegado a Valladolid para preparar su boda con Blanca de Borbón y sus hermanos bastardos Don Enrique y Don Tello, que sirvió como temporal acto de reconciliación entre ellos.

A partir del siglo XIV y ya con la consideración de señorío, cuando en 1386 Juan II se la entrega a uno de sus capitanes: el conde de Buelna, Pero Niño y su estirpe. En el siglo XVI pertenecía don Hernando de Toledo, hijo ilegitimo del Gran Duque de Alba y que llegó a ser miembro del Consejo de Estado de Felipe II, lo que abrió una relación directa de Cigales con el entorno de la dinastía de los Austria.

EDAD MODERNA

Los momentos más destacados de su historia se vivieron a lo largo del XVI, primero como centro acción del bando comunero en la Guerra de las Comunidades y como centro de retiro y paso de importantes personajes relacionados con la corte, que utilizaban la casa de campo que mantenía el conde de Benavente en la población.

Precisamente en este recinto palaciego nació, el 1 de noviembre de 1549, la futura reina y emperatriz de España: Ana de Austria, hija de Maximiliano II de Austria y la hija de Carlos V; María, reina de Hungría y que falleció en este palacio en 1558. Ana contrajo matrimonio con su tío, Felipe II en 1570, que la consideraba la esposa favorita de las cuatro que tuvo.

Cigales tuvo otros hijos destacados en su historia como Catalina de la Cerda, esposa de Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, valido de Felipe III, Fray Antonio Alcalde nacido en 1701 y que llegó a ser obispo en las ciudades de Mérida, Yucatán y Guadalajara en Nueva España (México). Dominico formado en el convento de San Pablo de Valladolid, su mecenazgo fue fundamental para la construcción de la iglesia de Santiago, cuyo retablo mayor es un homenaje a la orden dominica.

Durante la Guerra de Independencia tuvo un lugar destacado como cuartel de las tropas francesas, de hecho, en 1813 José Bonaparte estableció su cuartel general en la Villa de Cigales. Desde entonces, la tradición mantiene que el apodo de Pepe Botella le viene de este momento, por la afición del rey a los caldos cigaleños.

Todavía actualmente en la iglesia parroquial, pueden verse huellas de dicho paso, concretadas en las manchas que el humo de sus fogatas dejó en todas las columnas del templo.

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